Escribe Alfredo Grande
“La diferencia entre poco y nada es mucho”

Aforismo Implicado

La segunda acepción del Petit Larousse, define de esa manera un ATICO. Veinte años después, cuando el 1 de Mayo se cumpla la fecha exacta de nuestro aniversario, seguiremos intentando sostener ese lugar, y también entender de que forma pudimos mantenerlo alto y cuales son los dispositivos para sentirlo soleado. Los espacios institucionales son proyección de la profecía instituyente. Los espacios institucionales empiezan a ser habitados por los deseos, aquellos que cuando se encuentran con el principio de realidad, no tienen mas remedio que aceptar ser rebautizados como proyectos. Un acta constitutiva, un Estatuto, una presentación ante el Ente Regulador y autoridad de aplicación, herramientas jurídico administrativas de las que no podemos prescindir. Y mucho menos limitarnos a ellas. Lo instituido siempre fue una forma de sostener lo instituyente. Pretendimos no ser capturados por la mediocre fascinación de los instituidos burocratizados. Equipamientos superyoicos que tienen siempre la respuesta, aunque ignoren todas las preguntas. En otras palabras: propiciar la inspiración, pero sostener la transpiración. Y no solamente de la camiseta. La propuesta cooperativa es un lugar donde es posible, nunca seguro, que la contradicción lógica sea dialectizada. En otros términos: pensar que las contradicciones no implican exclusiones, en tanto el nivel fundante de la cooperativa es la cooperación. Cooperar es co pensar y es co ejecutar . Y es cierto que ese lugar cooperativo de pares puede ser capturado por una lógica del sometimiento y explotación. Cuan pocos son los que pueden tirar la primera piedra de estar libres de la apropiación de toda plusvalía. Económica, científica, de poder, de prestigio. Pero no hay empresa del lucro que pueda ser capturada por lógicas solidarias. En nuestro lugar alto y soleado verificamos que un mundo sin dioses ni patrones no solamente es posible, sino que es muchísimo mas saludable. Y entonces pensar a la salud mental como “cosa de todos” . Y el correlato subjetivo de lugares institucionales donde se conoce la entrada pero también se conoce la salida. El lugar cooperativo es la antítesis de un laberinto. Un lugar donde se puede intentar planificar la esperanza, como enseñara Pichon Riviere. Quizá la esperanza, cuyo fundamento es la convicción, nos permite afirmar que todo tiempo pasado no fue mejor. También que la resistencia al cambio es un virus que el victimario inoculó en nuestras almas, para hacernos dudar de lo necesario de las luchas de emancipación. El lugar es alto porque pretende vivir de pie y no tener que morir de rodillas. Y sostiene a diferencia del voluntarismo burgués que “querer no es poder”. Pero tiene la firme convicción que “poder es querer”. El poder colectivo es un deseo apropiado colectivamente. No hay cooperativas sin cooperativistas. Aunque hayamos comprobado en no pocas ocasiones que muchos cooperativistas apenas son “pequeños burgueses sin plata”. Una ex socia cuando le dije que era poco probable que con lo que ganara en la cooperativa pudiera cambiar su auto, al menos en forma inmediata, renunció al día siguiente. Hoy la recuerdo con gratitud. Nos hizo ahorrar mucho tiempo a todos, incluso a ella misma. Como la propuesta cooperativa sostiene la máxima implicación del sujeto e impide el recurso proyectivo (hablar mal del patrón pronto se vuelve contra si mismo) propicia la aparición de mecanismos psicóticos. Al decir de Elliot Jaques, serían ansiedades psicóticas que se depositan en el entramado institucional. Nosotros hemos visto algo mas que ansiedades. Por eso pensamos que el lugar cooperativo es un laboratorio de experiencias grupales de alta intensidad. Como toda verificación indica que “no hay patrón”, entonces se lo alucina en el Consejo de Administración. Como toda verificación indica que “no hay ningún socio que sea mas socio que otro”, entonces se forcluye la existencia de la asamblea de asociados. Y se adquiera la certeza delirante que pocos tienen todo. Y que muchos no tienen casi nada. Y digo certeza porque ni la realidad jurídica, ni política, o histórica, modifica esas ideas de “ser robado”, “ser ignorado”, ser y ser la nada. Como alguna vez me dijo Gregorio Baremblitt en relación al aire puro, la cooperativa no es para todos. Y justamente por ser lo contrario de una elite. No es lo mismo que las declaraciones sobre la igualdad, la libertad y la fraternidad, que estar en condiciones de sostenerla por fuera de una limitación de clase. El narcisismo de las pequeñas y no tan pequeñas diferencias es un obstáculo salvable para la consolidación de lugares altos y soleados. Salvable en tanto estemos dispuestos a sostener liderazgos de la tarea, y no idolatrías de las personas. No siempre fácil, podemos no cruzar la delgada línea roja que separa ambos territorios. En estos años, los desarrollos del psicoanálisis implicado y de la organización cooperativa se han encontrado para no separarse jamás. Por eso cuando decimos que la “subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases” , también estamos diciendo que el lugar cooperativo es un espacio de lucha de clases. Transcribimos un párrafo de un trabajo de Gerard Mendel: “el poder de lo político es el poder que tiene el individuo de tomar conciencia del lugar que ocupa en la sociedad donde vive y de ejercer un poder real sobre ésta. Ese poder está en relación con su acto social, con sus diversas actividades, y de manera privilegiada, con su actividad profesional. El individuo solo puede tomar conciencia de su poder actual, real, social, y recuperarlo, en el interior de una institución; y en el seno de esta institución, dentro de su clase social institucional” (1) La cooperativa es entonces ese lugar alto y soleado donde las diferentes clases institucionales tienen la potencialidad de su complejo y completo despliegue...En la actualidad es la clase institucional que tiene su génesis en un proyecto denominado “Décimo Aniversario Segunda Fundación”, la que administra la cooperativa. Son los asociados que ingresaron hace 10 años los que tienen la responsabilidad de integrar el Consejo de Administración y los organismos de control. Ni momificación, ni improvisación. Ni espontaneísmo cooperativo, ni adoctrinamiento de la uniformidad. Y es en el Foro de Instituciones de Profesionales de Salud Mental, en la Federación de Entidades Solidarias en Salud (FAESS), en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, en el Centro de Gestión y Participación, en la Defensoría del Menor y la Familia, y en otros lugares donde el nuestro, alto y soleado, se prolonga para sostener los mismos deseos, los mismos proyectos. La cooperativa también es un campo grupal. Grupo sujeto, al decir de Guattari, que intenta autogestionar su propia vida. Autogestión que diferenciamos del autoengendramiento. “De la nada , nada viene”, sentenció Pasteur. Y la cooperativa ATICO tiene antecedentes y tiene consecuentes. Material para una historia que alguna vez será contada, y que tiene como primera huella un trabajo que alumnos de Psicología hicieron sobre nuestra experiencia.

Queremos reencontrarnos ahora con una sentencia que se atribuye a Séneca, y que lució orgullosa durante los primeros años de ATICO, pegada en un pared de la cocina: “no nos falta valor para emprender ciertas cosas porque son difíciles, sino que son difíciles porque nos falta valor para emprenderlas” Hace 20 años las emprendimos, y era cierto nomás: son difíciles. Pero tratamos entre todos de sostener el valor para emprenderlas.

(1) Mendel, Gerard. Sociopsicoanálisis 2. Amorrortu Editores.1973



 
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